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Grupos e instituciones
Prácticas educativas y proyectos comunitarios. Alternativas y trayectos grupales

Colección Ensayos y Experiencias,Ediciones Novedades Educativas, Buenos Aires, 2003.
Diversidades y campo grupal: Puntuaciones en un dispositivo pedagógico

Ana María Fernández, Sandra Borakievich, Enrique Ojám, Xabier Imaz



Red de Maestros Escritores. Los docentes toman la palabra... un espacio para el intercambio y la escritura entre maestros

Rita Torchio



Comunidad parroquial y vulnerabilidad social.
Una experiencia en el barrio Balvanera

Susana de la Sovera y Cristina Puccetti



Comunidad hospitalaria y producción de ciudadanía

Liliana R. Farruggio



¿El Jardín Maternal está en pañales?

Laura Rivera



El compromiso en el respeto de la diversidad. Derechos humanos y capacitación

Alba Pereyra



Envejecer hoy. Estrategias en salud mental comunitaria

Silvia Ester Molina



Sexualidad y Discapacidad

Mónica Lupani



Globalización, sociedad del conocimiento y educación.
Apuntes para un debate en la Argentina en el siglo XXI

Mercedes López y Roberto Montenegro



Introducción
"¿Por qué escribo?", se pregunta una maestra que ha tomado la palabra, y a ese porqué se responde escribiendo "testimonios de acontecimientos" de trabajos cotidianos, que en el relato adquieren una dimensión diferente de la habitual, que tantas veces cerca y agota.
"¿Y la literatura? Me abruma... Estoy cercada, escribo lo que he vivido... Escribir es dar nuestro calor... Escribir es empapar la pluma en agua de mar el primer día de vacaciones. Todo el mundo ve el cielo, todo el mundo es escritor. Lo demás son juegos de espejos... ¿Escribir o callarse? Escribir la palabra imposible en la curva del arco iris. Todo estaría dicho", testimonia, a su vez, Violette Leduc en su libro La locura ante todo.
Con palabras posibles y abriendo espacios para que también otros puedan decir, en estos testimonios de acontecimientos, crónicas y reflexiones, inevitablemente se producen saberes que "enlazan el afuera y el adentro". Es ésa una primera característica que los artículos que se presentan en esta edición comparten: de su lectura se desprenden diferentes trayectos que hacen difícil sostener la idea de un "adentro" -institucional, grupal, hasta psíquico diremos- separado de un "afuera" social que lo acompañaría al modo de un marco.
En la diversidad de las prácticas que se recrean en la escritura, es posible realizar lecturas de singulares modos de trabajo institucional y comunitario que introducen espacios de demora, allí donde la vida cotidiana se torna vertiginosa y tantas veces "se agota en la pura inmediatez" -tal como se caracteriza en el último artículo.
Importa el modo de esta introducción de demoras en épocas difíciles para tantos sectores sociales, en las que los tránsitos "facilitados" serían aquellos que van al ritmo de la producción de vulnerabilidades y desafiliaciones.
Se pueden leer y "escuchar", en varios de los escritos, los ecos del vendaval social que recorrió la Argentina de diciembre de 2001, una sucesión de acontecimientos, hitos, cuyas marcas no podemos dejar de reconocer en el espacio social, institucional, comunitario y subjetivo. Sobre el fondo-figura de una crisis que muchos no dudaron en caracterizar como una verdadera catástrofe social, se narran estas experiencias puntuales que vienen a dar cuenta tanto de las consecuencias de determinadas políticas, como de los esfuerzos y búsquedas de nuevas "configuraciones" entramadas de manera necesariamente colectiva.
Maestros, alumnos y sus familias, jóvenes pobres, jóvenes marginados, estudiantes universitarios y sus docentes, hombres y mujeres que ya son adultos mayores, vecinos de un barrio de Buenos Aires, adolescentes discapacitados, personas que están internadas en hospitales psiquiátricos, profesionales de la salud y de la educación que desde cierta mirada podrían tener algo en común... ¿qué los reúne y entrelaza a su vez en estos textos?
Probablemente su cualidad de actores, su potencialidad de actores -que incluye las dificultades para desplegarla-, en algunos casos su condición de autores, o inventores. Y es que los modos que aquí se relatan articulan con la invención de dispositivos de trabajo que favorecen la producción de tránsitos alternativos, ligados implícita o explícitamente a lo comunitario. Más allá de la heterogeneidad de poblaciones con las que se trabaje, cada espacio propuesto apuesta a la producción de lazos sociales en trayectos en los que lo grupal-institucional-comunitario alimenta -y se alimenta de- prácticas que promueven autonomías, tanto en quienes proponen estos espacios de demora como en quienes participan de ellos.
Así, maestras y maestros devienen escritores que testimonian y desnaturalizan sus tareas cotidianas; hombres y mujeres adultos mayores se tornan promotores comunitarios y se reapropian de su lugar en la sociedad; profesionales y funcionarios del Estado, junto con jóvenes marginados, buscan las formas de hacerse con sus derechos... humanos, inventando modos de resistencia frente al autoritarismo policial, señalando a su vez cuánto cuesta que estos derechos sean respetados..., al igual que los derechos de una ley de Salud Mental que profesionales y pacientes apenas conocen y redescubren a través de una intervención donde la participación y la producción de ciudadanía no es pensada como algo ajeno a la salud.
Como decíamos, estas experiencias proponen tránsitos hacia el despliegue de potencias; tránsitos no sin obstáculos: cuesta reconocer y hacerle un lugar a la sexualidad de niños y adolescentes y, si alguna discapacidad los diferencia, ese reconocimiento se demora, en ocasiones por una mirada parental-pedagógica o terapéutica saturada de buenas intenciones.
El contraste, choque, entrevero o alquimia que se produce en cada experiencia, en lo que se relata o se deja relatar -aun en lo que suponemos que se omite- de la implicación de los investigadores, operadores, maestros, "talleristas" o profesores que lanzan su escritura, señala que no se trata de recorridos lineales.
Docentes universitarios exploran alternativas en la formación de los futuros profesionales y junto a los estudiantes aprenden, conocen, indagan eso que llamamos lo grupal a través de un dispositivo pedagógico específico relatado desde "la cocina" de su preparación, desde las emociones que despierta cada vez de manera distinta, desde la experiencia que parece despabilarlos y desperezarlos de las inercias y las repeticiones.
Estos espacios a contramano de lo instituido, que buscan atravesar, sortear, "driblear" la encerrona trágica que los encausa, y los pretende destinar convocan diversos interrogantes:
¿De qué se trata hoy lo comunitario?; ¿cuándo "hay" comunidad?, ¿se hace referencia a lo comunitario allí donde un camino en común se emprende y entrelaza en una apuesta siempre difícil? ¿Existe una dimensión pedagógica en toda experiencia colectiva? ¿Qué de educativo tiene un proyecto comunitario?
Según de qué experiencia se trate, la transmisión de conocimientos, la diversidad de perspectivas, el aprendizaje de la gestión de las dificultades y los beneficios de una tarea en común producen una multiplicidad de nuevos saberes y potencias.
Saber sobre el poder hacer, construir y producir con otros, saber sobre ejercicios de poder..., entre estos saberes y poderes, algo cura la soledad no buscada, el aislamiento indeseado, el anonimato asfixiante, la desesperanza obligada, transformando subjetividades en la institución de otros lazos sociales.




Sandra Borakievich y Daniel Korinfeld








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